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Sunday, August 26, 2007
Friday, December 19, 2003
Thursday, March 27, 2003
Para Irma Negrete, con afecto
Muchacha ojos de papel
Una tarde de otoño un hombre observa a la muchacha ojos de papel, la mira caminar sobre la arena de la playa: la mirada baja, como buscando estrellas, conchas o algún sueño perdido en la mitad de su vida.
Camina despacio, abrigada, pensativa. Las huellas de sus pies van quedando impresas, huellas que las olas no borra por si alguien quisiera seguirla.
El hombre se anima, también va abrigado, con sombrero, seguramente acaba de salir de la oficina y se dirigía a su casa, pero es una tarde tranquila con poco viento y el mar siempre seduce, llama, atrae.
Se arremanga los pantalones se quita los zapatos y piensa si no sería mejor abandonar todo definitivamente. Proyectos, periódico, pasado. Dinero, deudas, dudas. Noticias, normas, nada. Mujeres, muerte, males. Y seguir a la muchacha ojos de papel.
Hijos adolescentes, ansiosos adorables. Furiosos, fundamentales, fantásticos. Insensibles, intolerantes, inocentes. Tiránicos, titánicos tiernos.
Botar todo por la muchacha ojos de papel, dejar el portafolios, quitarse la camisa, botar los lentes y mirar de nuevo. Coger un cuarto de luna menguante como carnada y meterse al mar junto con la muchacha a nadar desnudos o a pescar trozos de luz, de vida nueva
Ella esta ahí, esperando en esa ilustración de un libro, pero ella también ha dejado al otro lado del mar un marido, unos hijos, una cocina, sus metálicos cuadros, porque ella también es sensible y plasma y pinta en unos cuadros lo que la vida quiere quitarle: alegría, amor, sexo. Ella, la muerte, ya le ha quitado hombres, hijos, años.
Es joven, es bella, es alegre pero en el fondo sabe que su corazón es vulnerable y está dispuesta a amar, por eso coqueta se ha dado cuenta que al otro lado también la mira un hombre que una tarde de otoño tiene un pedazo de luna y sin zapatos está dispuesto a escaparse de casa y hacerse a la aventura como dos chiquillos.
Pero ella y él no saben que los dos algún día tendrán que regresar al otro lado del mar.
Octubre de 2002
Tuesday, March 18, 2003
Desapareció
La señora X se presentó a esta redacción para denunciar la extraña desaparición del señor Z, marido de la denunciante.Ésta nos relató que el día de 16 de enero de 1991, el mismo día de la destrucción de Bagdad, ella se dirigió a la sala para prender el televisor a las 17:40 horas para ver Cenizas y Diamantes, su telenovela favorita. La única que ve después de horas y horas de trabajo en el hogar.
Sin embargo, se encontró que en el sillón --cómodamente sentado-– se hallaba su esposo mirando la noticias del ataque de los gringos sobre Irak. Ella exigió cambiará de canal, él se negó argumentando la injusta agresión de un país mil veces superior. Ella a su vez decía que Diana Bracho y Ofelia Medina eran excelentes actrices y que hasta de izquierda.
Después de varios minutos de discusión y sin llegar a ningún acuerdo, ella –continuó relatando la señora X– por medio de la fuerza logró cambiarle al canal de las estrellas. Él, furioso, se levantó del asiento y le propinó fuerte derechazo a la cara, ella le soltó gran cantidad de improperios, de los cuales ninguno podemos publicar.
Por último ella dijo: por qué no te esfumas, y se esfumó, desapareció. Y hasta la fecha el señor Z no aparece.
Puebla, 17 de enero de 1991
